miércoles, 25 de marzo de 2015

¿Qué significa “las obras de los nicolaítas?


 

“Sin embargo tienes esto: que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco”. (‭Apocalipsis‬ ‭2‬:‭6‬ LBLA)
Mensaje a la iglesia de Éfeso
2:6 las obras de los nicolaítas. Este también fue un problema en Pergamo (w. 12-15). Se trataba de una herejía similar a la enseñanza de Balaam (w. 14, 15). Nicolaíta significa “el que conquista al pueblo”. Ireneo escribió que su fundador fue el mismo Nicolás que se eligió como diácono en Hechos 6, pero que él siempre fue un creyente falso que después se volvió apóstata. Gracias a las credenciales que poseía, se las arregló para desviar a la iglesia con su doctrina, y como Balaam, condujo al pueblo a conductas inmorales y perversas. Los nicolaítas participaban en diversas inmoralidades y asaltaban a la iglesia con tentaciones sensuales. Clemente de Alejandría dice: “Se abandonaron al placer como chivos, dedicados por completo a sus propias indulgencias”. Su enseñanza pervertía la gracia y  reemplazaba la libertad cristiana con el libertinaje pecaminoso.
— John MacArthur 

martes, 24 de marzo de 2015

John Macarthur: La generación final y el rapto de la iglesia

El “evangelio” de satanás y el evangelio de Cristo

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“Nuestro problema no es el pecado, sino la mala imagen que tenemos de nosotros mismos” parece ser la teología de moda del momento. “El éxito y la autoestima” han llegado ser tan importantes en las iglesias que ha eclipsado a todo lo demás, incluyendo la enseñanza expositiva de la Palabra de Dios. Ahora lo más importante en la iglesia es ser “grande”, “próspero materialmente”, “con prestigio”, “exitoso”, “sobresaliente en riquezas”, etc.
Hoy en día podemos ver como muchas iglesias evangélicas están vendiendo la verdad. Se ha generalizado la idea de que el mensaje cristiano debe mantenerse de acuerdo al gusto del consumidor en la sociedad. Este veneno de la ambigüedad está siendo inyectado profundamente dentro de la iglesia. No nos estamos dando cuenta que se está predicando un falso cristianismo. Hoy cada vez más nos volvemos más tolerantes con la cultura. Hemos menospreciado la verdad de Dios y no nos estamos fijando que hemos creído una mentira y por proclamar esta mentira se ha establecido un falso evangelio.

El Falso evangelio de Satanás

“Como tener éxito”, “ámate a ti mismo”, “su mejor vida ahora”, “lo mejor de ti”son los títulos de los best seller entre el mercado cristiano de toda américa. Estos pensamiento no solo son contrario a la verdad si no que son pensamientos satánico. Bíblicamente este es un mensaje promovido por satanás. Un mensaje aceptado por muchos cristianos porque han vendido la verdad. La moda en los pulpitos modernos es predicar como el hombre puede ser mejor. La sana doctrina ya no es atractiva, para muchos es anticuada. El mensaje humanista ha sido tomado como una “buena noticia”. Por eso le llamo otro “evangelio” que satanás busca poner en las mentes de los cristianos.
Esta filosofía que ha invadido los pulpitos buscando que el hombre se centre en sí mismo es el falso evangelio de satanás. Algunos pensaran, ¿No será una frase muy extremista? ¿No cree que esté exagerando? La respuesta es un rotundo no. Miremos lo que Dice la biblia.

El pensamiento de satanás según las Escrituras

En el relato de Mateo 4:1-11 satanás tienta a Jesús para que se enfoque en su necesidad primero de comer. Satanás intentó que Jesús se enfocara en el mismo por encima de la voluntad de Dios. Y este es el evangelio de satanás que nosotros dejemos de enfocarnos en Dios y su voluntad para centrarnos en nosotros en base a nuestras necesidades. La meta del evangelio de satanás es que el hombre se centre en el mismo, que no defienda la gloria de Dios sino sus propios intereses. Esto lo vemos en cada una de las tentaciones.
Le ofreció los reinos, prosperidad, admiración, lujos posiciones, una vida cómoda. ¿No es esto lo que hoy se predica? 
21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. 24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:21-26)


Jesús le muestra que pasarían Tres cosas con Él: Padecer, Morir y resucitar. Cuando se enteraron de esto de manera automática surge en ellos el evangelio de Satanás:
“Señor ten compasión de ti”
Pedro quería que Jesús se centrara en si mismo y no en la Gloria de Su padre. Jesús le dice a pedro: “apártate de mí satanás”. Me eres tropiezo porque no piensas en las cosas de Dios sino en la de los hombres. (Humanismo)
Mientras el evangelio de satanás dice ten compasión de ti mismo el evangelio de Jesucristo dice: Niégate a ti mismo, Toma tu Cruz y Sígueme. Este es el evangelio de la Gloria de Cristo que Contrario al evangelio de satanás el evangelio de Cristo nos invita a Centrarnos en su Gloria y rendir nuestras vidas a Él. Nos lleva a despojarnos a nosotros, tomar la Cruz y seguirle. Este es el verdadero evangelio.

¿Qué significa tomar la Cruz?

La Cruz era un símbolo de Muerte. Quiere decir que significa lo mismo que a Jesús, Morir así mismo por obediencia a la voluntad de Dios (Lucas 22:42)  Es el hacer Su voluntad.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. (Filipenses 2:5-6)

 El evangelio de la Gloria de Dios lleva al hombre a dejar todo si así Jesús lo pide

¿Qué se dijera de Moisés si viviera hoy y fuera miembro de alguna de nuestras iglesias, donde la psicología ha sido colocada por encima de las Escrituras? En lugar de, “prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios”, como dice Hebreos 11:25, se diría, “prefirió sufrir riqueza, éxito, prosperidad y popularidad con el pueblo de Dios”. En cambio, los primeros cristianos decían: “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús,padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). Sin embargo, los falsos profetas y apóstoles modernos enseñan: “Los que vivan vidas piadosas tendrán honra, éxito, aprecio, prestigio, grandeza, importancia y prosperidad material en este mundo”. Y ni cortos ni perezosos, no sólo los cristianos como individuos, sino las iglesias enteras buscan hoy “la riqueza material o el éxito empresarial” al estilo del mundo secular. Cuanto más grande sea una iglesia, tanto en lo financiero como en la cantidad de miembros, tanto más “éxito” se considera que ha tenido. “Lo que importa son los resultados visibles”, dicen. ¡Craso error! Así que las claves del éxito para las iglesias ahora son:“Pensamiento positivo”, “Habla positiva”, “Visualización positiva”, “Éxito material positivo”. En otras palabra, el falso evangelio de satanás.
Martín Lutero en unas de sus Tesis escribió:
El aborrecimiento sigue vigente hasta la misma entrada al reino de los Cielos”.
¿Cómo sabes que estás viviendo en  el verdadero evangelio? Precisamente por que nos estamos negando y siguiéndole. Ser un discípulo  es una renuncia a nuestra vida, dejar de estar aferrado a nosotros mismos, morir a nosotros por amor a la gloria de Cristo. El Evangelio de la gloria de Cristo nos muestra que la meta de Dios no es la felicidad del hombre si no su propia felicidad, su propia gloria. (Romanos. 11:361 Corintios.10:31Salmos 73:25‐28) mientras el Evangelio de satanás busca la gloria del hombre.
Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1)
La doctrina favorita de los demonios es precisamente el humanismo disfrazado de religiosidad al cual le llamo en este artículo el falso evangelio de satanás. ¡Qué diferente es el verdadero evangelio! Mientras que el apóstol Pablo advierte honesta y santamente que vendrán tribulaciones a la vida de los creyentes, los pregoneros del falso evangelio, a fin de ganar adeptos y vender sus mercancías, atraen a las masas con sus falaces promesas centradas en el hombre y no en la gloria de Cristo
Mientras que el Evangelio de Cristo expresa: Porque de él (Dios),  y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos.  Amén, El falso Evangelio de satanás dice: Porque del hombre y por el hombre y para el hombre son todas las cosas.
Detrás de todo falso evangelio hay una inteligencia malvada y retorcida. Nunca olvidemos  principal propósito de Dios es glorificarse a sí mismo y disfrutar de sí mismo para siempre. La gran Pasión de Dios es exaltar el valor de su Gloria. ¿Cuál Cree debería  ser la nuestra?

lunes, 23 de marzo de 2015

Gracias a Mark Dever, muchos de nosotros nos hemos familiarizado con las 9 Marcas de una Iglesia Saludable. Si bien nunca fueron destinadas a ser la última palabra en todo lo que una iglesia debe ser o hacer, las nueve marcas han sido de gran ayuda recordando a los cristianos (sobre todo a pastores) de la sustancia necesaria que a menudo olvidamos en una época obsesionada con el estilo.

En cierto sentido, las nueve marcas de una iglesia no saludable podrían ser simplemente lo contrario de todo lo que hace una iglesia saludable. Las iglesias no saludables ignoran la membresía, la disciplina, la predicación expositiva y todo lo demás. Pero los signos de enfermedad de una iglesia no siempre son tan evidentes. Es posible para tu iglesia enseñar y entender todas las cosas correctas y aún seguir estando en un lugar terriblemente no saludable. Sin duda, hay docenas de indicadores de que una iglesia se ha vuelto disfuncional y enferma, pero vamos a limitarnos a nueve.

Aquí hay nueve marcas de que su iglesia –incluso una que cree en la Biblia, predica el evangelio, y abraza una buena eclesiología– puede ser no saludable:

1. Cuanto más periférico sea el tema del sermón, más se emociona la gente. Una de las cosas que siempre me ha gustado de mi iglesia es que los sermones que ellos más aman son aquellos que tratan los temas más centrales de la Biblia. Les encanta escuchar sobre el pecado y la salvación, sobre la gloria de Dios, sobre la providencia, sobre Cristo y la cruz. No es que ellos nunca escuchan (o que no les gustan) los sermones sobre escatología o problemas sociales o administración financiera o el matrimonio o la paternidad, pero parecen más apasionados acerca de los mensajes que hacen énfasis en la culpa, la gracia y gratitud. Me preocupa cuando una congregación se cansa de oír hablar de la Trinidad, la expiación, el nuevo nacimiento, o la resurrecció,n y quiere escuchar otra larga serie sobre el manejo del estrés o las 70 semanas de Daniel.

2. El personal de la iglesia no disfruta ir a trabajar. Cada trabajo tiene sus altibajos. Cada oficina tendrá tensión de vez en cuando. Pero los líderes laicos deben tomar notas cuando el personal parece resentido, infeliz, y tiene que arrastrarse a la iglesia todos los días. ¿Los miembros del personal de la iglesia disfrutan estar juntos? ¿Hablan entre ellos como amigos en los pasillos? ¿Usted los ha visto riendo juntos? Si no, puede que se hayan quemado en la marcha, haya algún conflicto sin resolver, o algo peor.

3. El pastor y su esposa no se llevan bien. No estoy hablando de las riñas regulares y tiempos difíciles por los que cada pareja pasa de manera períodica. Estoy hablando de un matrimonio que ha crecido frío y sin amor, una relación que es superficial y carente de pasión. Cada iglesia debe tener algún mecanismo para preguntarle al pastor y a su esposa cómo está yendo su matrimonio (o no). Las iglesias pueden sobrevivir muchos conflictos, pero rara vez van a ser lugares saludables y felices si el pastor y su esposa están, en silencio o a voces, enfermos e infelices.

4. Casi nadie sabe a dónde va el dinero. Las iglesias manejan sus finanzas en formas distintas. Mientras las iglesias se hacen más grandes, puede ser más difícil, o incluso imprudente, para todos en la iglesia tener voz y voto en la asignación de cada centavo. Sin embargo, cuando se trata de finanzas, errar en el lado de la transparencia es raramente una mala idea. Como mínimo, debe haber más de un pequeño grupo de personas que saben (y tienen voz y voto) adonde va el dinero. No haga del salario del pastor un asunto de seguridad nacional.

5. El equipo de liderazgo nunca cambia o siempre cambia. Ambas son señales de advertencia. Por un lado, las iglesias se encarnan cuando nunca hay sangre nueva entre los líderes. Si sus ancianos, diáconos, administradores, líderes de grupos pequeños, maestros de escuela dominical, coordinadores de escuelas de vacaciones bíblicas, y los miembros del equipo de adoración son los mismos ahora como lo fueron durante el período inicial, tienes un problema. Tal vez los viejos líderes están hambrientos de poder, tal vez nadie se está entrenando, tal vez nadie nuevo ha llegado a su iglesia en veinte años. Todos son grandes problemas. Por otro lado, si los ancianos no están interesados ​​en servir otro período, y los miembros del personal no se quedan más que un par de años, y los voluntarios solo se ofrecen como voluntarios una vez, la cultura de su iglesia puede ser demasiado confinante, llena de conflictos, o con falta de perdón para errores honestos.

6. Nadie se ha levantado de la iglesia para el ministerio pastoral o ha sido enviado por la iglesia a servicio misionero. Buena predicación inspira a hombres jóvenes a predicar. Claridad sobre el evangelio suscita hombres y mujeres a compartir el evangelio con aquellos que no han oído. Las iglesias más pequeñas pueden no enviar nuevos trabajadores cada año, pero la congregación que casi nunca produce pastores y misioneros casi nunca es una iglesia saludable.

7. Hay un cuello de botella en la toma de decisiones. Esto puede ser culpa de la congregación. Algunos miembros de la iglesia insisten en aprobar cada decisión, desde la contratación de personal, la hora del servicio de adoración hasta al color de la alfombra. Si todo el mundo tiene que votar en cada decisión, su iglesia nunca será más grande que el número de personas que pueden votar con conocimiento en cada decisión (que es bastante pequeño). El pastor también puede tener  la culpa del cuello de botella. En algunas iglesias no pasa nada sin la aprobación personal del pastor y una supervisión directa puede ser la receta para guerras territoriales, retraso en el crecimiento, y el distanciamiento de los líderes dotados.

8. La predicación se ha vuelto errática. Esto puede tomar muchas formas. Tal vez el pastor ya no comparte el púlpito con otros miembros del personal y algún predicador invitado de vez en cuando. Tal vez es lo opuesto, y el pastor parece estar en el banco cada vez más a menudo. Tal vez la predicación se ha vuelto más criticona, o siempre trata el mismo tema, o muestra signos de poca preparación. Tal vez usted ha notado que el predicador está confiando más en cápsulas de vídeo o bosquejos de sermones preenvasados, o constantemente reutiliza materiales de alǵun sermón predicado años atrás. Nadie quiere que la predicación sea aburrida. Alguna variación es de esperar y es bienvenida. Pero echa un vistazo más de cerca si los predicadores parecen doctrinalmente inestables, irritables, o agotados.

9. Hay problemas que todo el mundo conoce pero nadie habla abiertamente. Iglesias no saludables a menudo tienen una importante regla no escrita: la persona que mencione nuestros problemas es el que tiene el problema. Esto podría ser un pastor que no puede predicar, un pianista que nunca se queda en el sermón, un anciano que se rumorea esta en una relación incorrecta, un líder de jóvenes que no sabe cómo hablar con los niños, un miembro del personal que no puede llevarse bien con nadie, un líder que lidera por decreto e intimidación. Sin duda, muchos asuntos deben tratarse en privado y en voz baja, pero esto no es excusa para hacer de la vista gorda a lo que todos pueden ver claramente. Nombrar lo que todo el mundo sabe es a menudo el primer paso para quitarle al problema su poder.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Manuel García.
Kevin DeYoung es el Senior Pastor de University Reformed Church en East Lansing, Michigan. Está casado con Trisha y tienen 5 niños pequeños.
Pocas cosas son más reconfortante que una promesa hecha y cumplida. Y pocas cosas hieren más que una promesa sin cumplir. Saber que adoramos a un Dios que cumple sus promesas es una fuente de sumo gozo. Pero este conocimiento mal aplicado puede también llevarnos a buscar promesas en las Escrituras en formas problemáticas.
¿Cómo podemos saber cuáles promesas son para nosotros? ¿Cómo podemos reclamar las promesas de la Biblia sin trascender su aplicación? Estas son algunas de las dificultades más comunes para tener en cuenta cuando estudias.

Errores comunes

Confundir una promesa con un principio. Las promesas son siempre cumplidas. El 100 por ciento de las veces. Los principios afirman verdades generales. El libro de Proverbios es a menudo confundido con un libro de promesas, cuando en realidad se trata de un libro de principios. El principio de “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22: 6) es generalmente cierto, y algo sabio para seguir. Pero no es una garantía de que cada niño criado en la instrucción piadosa se convertirá en un creyente de Jesús.
Ignorar el contexto. A menudo nos aplicamos una promesa a nosotros mismos antes de considerar su audiencia original o su contexto textual, histórico o cultural. En algunos casos, se ha hecho una promesa a una persona específica por una razón específica y no tiene ninguna aplicación adicional más allá de su contexto inmediato. En otros casos, la aplicación solo puede ser hecha adecuadamente después de que la promesa se entienda en su contexto original. La promesa de Dios a Abraham acerca de tierra y descendencia (Génesis 12:1-3) no puede interpretarse en el sentido de que Dios me dará una casa o unos niños. Puede, sin embargo, aplicarse en el sentido de que me va a dar una herencia espiritual a través de Cristo.
Pasar por alto el “si”. Promesas que contienen un “si” requieren alguna forma de obediencia antes de que podamos esperar que vengan a pasar en nuestras vidas. Son condicionales. Si queremos reclamarlas, es mejor que estemos preparados para actuar en obediencia a lo que requieren. Dios nos concede sabiduría si la pedimos (Santiago 1:4). Pero tenemos que pedirla. A menudo la promesas “si” de bendición son acompañadas por los correspondientes “si” de advertencias sobre la desobediencia. Tendemos a celebrar promesas de bendición de Dios y dejar de lado sus promesas de castigo, aunque ambas apuntan a un Dios fiel. Es difícil encontrar una taza de café que tenga escrito Hebreos 12:6. Lo que nos lleva a…
La elección selectiva de una promesa. Tenemos la tendencia de favorecer a esas promesas que apelan a nuestra propio caso para bien. Citamos Éxodo 14:14 en una crisis: “El Señor peleará por vosotros; solo quédense tranquilos”. Pero nos olvidamos de notar que tres capítulos más adelante en el Éxodo se le ordena a Israel que no se detuviera, sino que luchara contra sus enemigos. En las batallas espirituales, a veces debemos estar quieto y a veces debemos luchar. Es mejor pedir a Dios sabiduría en cuanto a la respuesta que se pide, en vez de reclamar una promesa que no es de aplicación universal.
Usar una promesa de manera manipulante. A veces empleamos un versículo como una promesa porque queremos que Dios actúe de determinada manera. Probablemente el pasaje más abusado de esta categoría es “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo con ellos” (Mateo 18:20) No solo la usamos fuera de contexto, sino que también la usamos para tratar de coaccionar a Dios para que haga lo que le pedimos simplemente porque nos hemos reunido el número necesario de personas para pedir por ello. Las promesas de Dios a nosotros nos deberían ayudar a someternos a su voluntad, y no doblarla a la nuestra.
Limitar una promesa a tu propio entendimiento. Incluso cuando reconocemos una promesa de manera correcta como hecha a nosotros, a menudo imponemos nuestra propia comprensión de cómo se cumplirá. O tenemos la tentación de imponer nuestra propia línea de tiempo en su cumplimiento. Sí, Dios tiene planes para ustedes, planes de paz, y no de mal,  (Jer. 29:11), pero, como en el caso de las personas a las que esas palabras fueron escritas originalmente, ese “ustedes” es más probablemente una referencia colectiva al cuerpo de creyentes, y ese plan se puede llevar a cabo a través de los siglos en formas que posiblemente no podemos predecir. Reconocer ese propósito no disminuye la belleza de la promesa en absoluto. En realidad, la realza.

Evitar las trampas

Entonces, ¿cómo podemos evitar estas trampas de “reclamar promesas”? Nuestra estrategia a largo plazo debe ser pasar del conocimiento inmediato de la Biblia al conocimiento integral. A corto plazo, prueba estas ayudas.
Haz tu tarea. Antes de escribirla en una tarjeta para tu refrigerador, antes de publicarla en Instagram o comprarla en una taza de café o declararla tu versículo de vida, haz un estudio a fondo de dónde vino la promesa, en las Escrituras y en la historia bíblica. Asegúrate de que sea una promesa general, no una promesa específica a otra persona, o simplemente un principio general para tener en cuenta. Verifica que no haya un “si” que pueda cambiar su aplicación.
Examina tus motivaciones. Si una promesa en las Escrituras te llama la atención, pregúntate por qué. ¿Qué miedo o necesidad está detrás de tu deseo de reclamar esa promesa para ti mismo? ¿Qué seguridad estás buscando más allá de la seguridad de tu alma garantizada por Cristo? ¿Reclamar esa promesa te ayuda a someterte al gobierno de Dios? ¿Estás definiendo su cumplimiento en base a tu propia comprensión limitada? ¿Te ayudaría el cumplimiento de esa promesa a crecer en la piedad y la humildad?
Y recuerda, la Biblia está llena de promesas inequívocas de nuestro Dios trino que podemos celebrar con certeza. Aquí hay un puñado de mis favoritos:
  • Él promete darnos sabiduría si pedimos (Santiago 1:5).
  • Él promete proporcionar una manera de salir de la tentación (1 Cor. 10:13)
  • Él promete que nuestra salvación está segura, no importa lo que pase (Juan 10:28-29).
  • Él promete que nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5).
  • Él promete acabar la buena obra que ha comenzado en nosotros (Fil. 1: 6).
  • Él promete regresar (Lucas 12:40).
Estas promesas son seguras y firmes. ¿Te das cuenta de que tienen mucho más que decir acerca de quién es Dios y cómo nos está santificando, que de una circunstancia o resultado específico? No se nos ha prometido certeza en nuestras circunstancias, pero se nos promete certeza en el Dios de nuestras circunstancias. Y eso es un ancla para el alma. 
Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Luz Guillen.
Jen Wilkin es esposa y madre de cuatro hijos maravillosos, y una promotora de que las mujeres amen a Dios con su mente a través del estudio fiel de su Palabra. Ella escribe, habla y enseña a las mujeres acerca de la Biblia. Vive en Flower Mound, Texas, y su familia llama casa a The Village Church. Puedes encontrarla en jenwilkin.blogspot.com 

domingo, 22 de marzo de 2015

¿Elegimos nosotros a Dios o fuimos elegidos por Él?

En el post anterior vimos la declaración de Pablo, en el capítulo 1 de su carta a los Efesios, de que los creyentes hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, en Cristo. Pero luego Pablo continúa diciendo que todas esas bendiciones vienen a nosotros de acuerdo al plan eterno de Dios. Él nos bendijo con toda bendición espiritual “según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo”.
Todas esas bendiciones no llegaron a nuestras vidas por casualidad, ni por capricho, y mucho menos por algo bueno que Dios haya visto en nosotros. Dios nos bendijo con toda bendición espiritual, porque así había determinado hacerlo desde antes de la fundación del mundo. Este no fue un plan de último minuto, algo que a Dios se le ocurrió de repente hacer. Todo esto fue hecho conforme a la intención eterna de Dios.
Y eso nos coloca frente a una de las doctrinas más impopulares, más atacadas y más abusadas de toda la Escritura: la doctrina bíblica de la elección soberana de Dios. Muchos crujen sus dientes contra esta enseñanza; se sienten profundamente molestos cuando nos escuchan hablar de un Dios soberano que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad. En otras palabras, no soportan la idea de que de que Dios ejerza Su prerrogativa de ser Dios.
Pero la Biblia enseña con toda claridad que nuestro Dios es soberano, y que antes de la fundación del mundo Él escogió libremente a un grupo de personas para salvación, y a los otros los dejó sumidos en su justa condenación.
Y noten que Pablo incluye esta gloriosa verdad de las Escrituras en una carta enviada a creyentes comunes y corrientes quienes debían unirse a Pablo bendiciendo a Dios y alabando Su nombre, por haberlos escogido para salvación desde antes de la fundación del mundo. Obviamente él no pensaba que estas cosas debían quedar ocultas, o que solo debían ser estudiadas en un seminario teológico.
Por la importancia de esta doctrina en la vida del cristiano me sentí motivado a postear algunas ideas que podemos extraer de los versículos 3 al 6 de Efesios 1. Les ruego que pongamos a un lado las etiquetas y prejuicios teológicos y observemos con cuidado lo que Pablo dice en este pasaje:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.
Al acercarnos al estudio de estos versículos hay dos palabras claves que debemos notar. En el vers. 4 Pablo dice que Dios nos escogió, y en el vers. 5 que Dios nos predestinó. Fuimos escogidos, fuimos predestinados. Ambos términos son muy similares en significado.
“Escoger” significa “hacer una selección”. Esta palabra se usa en Lc. 6:13 para hablar de la selección que hace Cristo de los doce apóstoles. Ellos no decidieron ser apóstoles de Cristo; Cristo los seleccionó soberanamente de entre la multitud que lo seguía para ser Sus apóstoles. Pues lo mismo tenemos aquí. Dios nos escogió para salvación. Como dice nuestro Señor en Jn. 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.
La segunda palabra que aparece en nuestro texto de Ef. 1 es “predestinación”. Esta es la traducción de la palabra griega “proorizo”, palabra compuesta de “pro” que significa “de antemano”, y “orizo” de donde proviene nuestra palabra “horizonte”. El horizonte es la línea que divide el cielo de la tierra. La idea de esta palabra es, entonces, trazar un límite de antemano. Dios soberanamente trazó una línea, y a algunos los destinó de antemano para ir al cielo. Podemos revelarnos contra esta verdad de las Escrituras, pero es imposible evadir el hecho de que eso es lo que la Biblia enseña (comp. Rom. 8:28-30; 9:16; 11:32-36). Veamos lo que Pablo nos enseña en este texto con respecto a la elección.
En primer lugar, Pablo establece la base de esa elección. “Según nos escogió en Él”. Cuando Dios nos incluyó en Su plan soberano Él sabía que no merecíamos ser incluidos. Pero Cristo se comprometió de antemano a pagar completamente nuestra deuda. Es en ese sentido que fuimos elegidos en Él. De no haber sido por la segunda Persona de la Trinidad nunca habríamos sido parte del plan redentor de Dios.
En segundo lugar, Pablo establece claramente el momento de la elección: Fuimos escogidos “desde antes de la fundación del mundo”. En otras palabras, esta selección se hizo en la eternidad. Antes del inicio del tiempo, antes de la creación de todas las cosas, Dios nos incluyó soberanamente en Su plan de redención.
En tercer lugar, vemos el propósito de la elección. ¿Para qué nos escogió Dios? Pablo responde dos cosas: por un lado nos dice que Dios nos escogió “para ser santos y sin mancha delante de Él”. No fue que Él vio algo bueno en nosotros y por eso nos escogió, no. Él nos vio más bien en nuestro pecado, en nuestra impiedad, y nos escogió para hacernos santos (comp. Ef. 2:1-3). La santidad es un fruto de la elección, no su causa.
El mejor comentario de este texto es el que encontramos en la carta de Pablo a Tito (2:11-14). Dios el Padre nos escogió, y Dios el Hijo murió en una cruz, para que nosotros fuésemos un pueblo santo, un pueblo de hombres y mujeres apartados para Dios, viviendo bajo los principios de Su voluntad revelada.
Ese propósito divino en la elección debe repercutir en nuestras vidas como cristianos. Positivamente debemos tener la ambición de ser santos, de conformarnos cada vez más al carácter santo de Dios. Negativamente debemos tener la ambición de ser sin mancha, irreprensibles. Amparados en la gracia de Dios debemos apartarnos de toda apariencia de mal, dice Pablo en 1Ts. 5:22. Para eso fuimos escogidos.
Esa obra de santificación se inicia en nosotros en el momento mismo de la conversión, cuando nuestros corazones son purificados y librados de la esclavitud del pecado; continúa desarrollándose en nuestra vida práctica en la medida en que hacemos uso de los medios de gracia que Dios ha provisto; y será finalmente perfeccionada cuando seamos glorificados, totalmente perfeccionados, luego de la venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo.
El propósito de Dios al elegirnos de ninguna manera será frustrado. Algún día nos presentaremos delante de Él y seremos perfectos. Pero no solo eso. En el vers. 5. Pablo nos dice también que fuimos escogidos, predestinados en amor, “para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”.
Hoy día, cuando hablamos de adopción pensamos de inmediato en niños pequeños, pero en el tiempo de Pablo no se solían adoptar bebés, sino personas adultas. Si un hombre rico no tenía herederos, buscaba una persona que fuese digna a quien dejarle toda su herencia, y lo adoptaba como su hijo. De inmediato esa persona tenía derecho sobre todos los bienes del hombre rico. Y eso es lo que Pablo tiene en mente cuando habla aquí de adopción. Nosotros somos ahora hijos de Dios, con todos los derechos filiares de un hijo, porque Dios nos adoptó. Solo que cuando Dios decidió hacer eso nosotros no éramos dignos herederos Suyos. Por eso primero nos justificó, poniendo en nuestra cuenta la justicia perfecta de Cristo, y luego nos adoptó ahora que hemos sido perdonados.
Por eso dice Pablo una vez más que todo eso ocurrió en Jesucristo. En virtud de la obra redentora de Su Hijo que nos es aplicada por la fe, el Juez de toda la tierra nos declara “sin culpa”, y luego nos recibe como hijos en Su familia, y pone sobre nosotros Su nombre, y nos concede liberalmente un sinnúmero de beneficios porque ahora Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Así que Dios nos escogió para ser santos y para ser adoptados como hijos Suyos.
Pero también vemos en el texto, en cuarto lugar, la razón por la cual Dios nos escogió: “… según el puro afecto de Su voluntad” (vers. 5). La elección de Dios no fue arbitraria o caprichosa. Una decisión arbitraria es aquella que se toma sin razón alguna. Pero en el caso de Dios, Él sí tenía una razón para escogernos, solo que esa razón se encuentra en Él, no en nosotros. Él nos escogió conforme a Su benevolente soberanía, por Su bondad que es santa y que no posee motivos impuros en ella. Eso es todo lo que nos ha sido revelado al respecto y, por lo tanto, es todo lo que debemos decir. Dios se deleitó en amarnos desde antes de la fundación del mundo, y conforme a ese amor soberano nos eligió. Por eso dice en el vers. 5 que fuimos predestinados en amor.
En quinto lugar, y finalmente, Pablo nos muestra en el texto el propósito ulterior de Dios en hacer todo esto: “Para alabanza de la gloria de Su gracia” (vers. 6). La meta final hacia la cual se mueve todo lo antes dicho es el reconocimiento en adoración (eso es alabanza) de la excelencia divina (eso es gloria) manifestada en favor de los indignos (eso es gracia).
Y una vez más, Pablo conecta todo esto con la persona de Cristo: “Para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”; literalmente el texto dice que esa gracia nos fue bondadosamente conferida, gratuitamente impartida sobre nosotros “en el Amado”. Dios el Padre ama a Su Hijo, con un amor eterno e inalterable, y nosotros estamos en Él. En virtud de esa unión, nosotros somos ahora el objeto del amor del Padre, y beneficiarios de todas Sus bendiciones.
Y a la luz de todo esto yo me pregunto, ¿acaso existe un privilegio más grande que ser cristiano? Nuestro Dios nos ha bendecido “con toda bendición espiritual”; nosotros somos ahora los beneficiarios de las riquezas de Su gracia, somos coherederos de Dios juntamente con Cristo, y algún día entraremos en el disfrute pleno y eterno de esa herencia. Y todo eso, porque Dios de pura gracia nos amó cuando no había nada digno en nosotros que nos hiciera merecedores de ese amor. ¿Acaso no deberían nuestros corazones llenarse de sobrecogimiento, de gozo y gratitud, y nuestras bocas de alabanza, ante un cuadro como el que Pablo nos presenta en este pasaje?
Oh, que Dios nos conceda vivir a la altura de nuestros privilegios, que podamos mostrar al mundo la gloria de Dios a través de una vida santa y gozosa, independientemente de las circunstancias adversas en que nos encontremos en estos momentos. Que al igual que Pablo seamos movidos a levantar nuestros corazones y nuestras voces para bendecir a Aquel que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, en Cristo.
© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.
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45 RESPUESTAS PARA “¿ELEGIMOS NOSOTROS A DIOS O FUIMOS ELEGIDOS POR ÉL?”
  1. Patricio 28 agosto 2011 en 5:52 pm #
    Gloria a Dios por su libre gracia.
  2. sandra 28 agosto 2011 en 6:32 pm #
    Hola ,hermano me senti muy triste al leer tu articulo de antemano le digo que soy una persona ignorante en cuanto a la Palabra se refiere, mi tristeza es por que yo creia que Jesus habia muerto por todos nosotros y que para Dios no hay acepcion de personas pense que El es el Padre de todos nosotros,entonces de nada vale orar por los inconversos para que acepten al Senor? o para que seguir haciendo lo bueno si no soy escojida por El.
    entonces mis oraciones no llegaran a Dios si mis familiares amigos y desconocidos no fueron predestinados …entonces ahora que? dejo todo y total si soy predestinada igual estare con El o sin El expliqueme como sabe uno si esta dentro de la predestinacion si uno lo puede saber.
    gracias y que El Padre le de mucha sabiduria
    • Sugel Michelén 30 agosto 2011 en 10:15 pm #
      No hay razón para sentirse triste por esta doctrina, todo lo contrario. El creyente debe encontrar en ella un profundo consuelo y un poderoso estímulo para predicar el evangelio y orar por los incrédulos. Si la salvación estuviera en las manos del pecador no tendría sentido predicarles, porque están muertos en sus delitos y pecados, y ya sabemos de antemano cuál será su respuesta (negativa, claro está). Tampoco tiene sentido que oremos por ellos si a final de cuentas la salvación está en sus manos y no en las de Dios. No obstante, le prometo que voy a escribir otra entrada al menos para aclarar algunas de sus dudas.
      • ana i. 8 septiembre 2011 en 2:40 pm #
        “Pero la Biblia enseña con toda claridad que nuestro Dios es soberano, y que antes de la fundación del mundo Él escogió libremente a un grupo de personas para salvación, y a los otros los dejó sumidos en su justa condenación.”
        Estimado Sugel, gracias por tus estudios que son de gran bendición para mi vida. Con respecto a este tema de la predestinación de los salvados, no entiendo porque toma esta postura. Por lo que podemos leer en 1 Timoteo 2:4 y en 2 Pedro 3:9, la pura intención de Dios es que todos sean salvos. El nos ha dado la oportunidad de salvación para todo aquel que cree en el Señor Jesús, y no solo para un grupo seleccionado previamente.
        • Sugel Michelén 8 septiembre 2011 en 7:34 pm #
          Todo aquel que cree en el Señor Jesucristo será salvo. Esa es la clara enseñanza de la Biblia. Pero la Biblia también enseña muy claramente que la fe es un don de Dios, un don que Él concede a aquellos que Él ha elegido desde antes de la fundación del mundo (le ruego considere los siguientes textos: Jn. 6:44; Hch. 13:48; 18:27; Fil. 1:29 – la palabra “concedido” que Pablo usa aquí significa “se os ha dado de gracia”). En cuanto a pasajes como 1Tim. 2:4 y 2P. 3:9, entre otros, le prometo que voy a postear otra entrada más adelante. Gracias por su comentario.